Despierto

Cuando lo correcto parece inadecuado
no queda más que lanzarse al destino;
abismo centrado y recto.

Despierto en el anhelo
de una respuesta coherente
dentro de un simulacro vital
que a todos envuelve.

Carezco de palabras tuyas que recordar
y duele.

Caigo en un sueño
pesado y etéreo,
contrincante de malas pasadas,
aún disperso.

Mi cabeza desentona a Los Beatles
en un intento de despertar;
descubro, entonces,
palabras de siempre
te descubro a ti y recuerdo
que, al menos,
un día rocé tus manos.

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Sobre las editoriales, con cariño

Hoy rompo los versos para hablar de un tema algo escabroso pero que me afecta, como supongo que os afecta a muchos de vosotros. Por todos es sabido ya que la situación para los jóvenes en España (y muchos otros países) no está para dar palmas. Pero no vengo a hablar del repetido tema del trabajo y de sus inestabilidades, ni de contratos basura o sueldos que no rozan el mínimo. Vengo a hablar de editoriales y de cómo aquellos que amamos la literatura y que quisiéramos entregar la nuestra al mundo no paramos de darnos con puertas en las narices, llegando, así, a un estado desgana.

Siempre quise publicar un libro. Desde que era muy pequeña tenía claro que algún día contaría con un libro propio que poder firmar y entregar a familiares y amigos (dejo a un lado, también, el tema de los e-books y la imposibilidad de personalizarlos; siempre fui de personalizar los libros -recuerdo cómo una profesora me regañaba por hacerlo, pero es algo innato-).

El hecho de no obtener respuestas siempre fastidia; esperar un correo o una llamada y que nunca lleguen es algo que al ser humano, independientemente de su dureza o debilidad, le afecta. Me parece, igualmente, una falta de educación -soy consciente del gran número de propuestas, correos, preguntas que reciben a diario, pero mandar una respuesta, aunque sea automática, cuesta más bien poco. Tras ese correo, deberían pensar, están depositados los sueños y trabajos de una persona -wait- ¿Hemos llegado a depender de algo intangible y cuasi fantasma como es un correo electrónico o una voz que, a través de un teléfono, desaparece y es imposible recuperarla? Aún así, no creo que sea la única que piensa en este tema, más conociendo el gran número de personas que escribe, tanto poesía (a la que “nadie” quiere), como prosa.

Desde aquí intento buscar soluciones para que se nos facilite a los jóvenes y a cualquier autor el publicar nuestras obras para poder tener una mínima oportunidad en el mercado -mercado que, sí, está en decaimiento, pero mercado que está ahí al fin y al cabo-.

Goethe en Marienbad

Siete por diez contaban tus manos,
mas tu corazón aprendía a latir.
La juventud viste en sus labios,
sellados, casi adolescentes,
buscando retratos, tal vez paternos;
buscando inciertos paraderos
bajo prontos, negros encajes.

Momento, como hemos de vivir
todos y cada uno.

Sobre dos ruedas
de un viejo coche
-asientos de cuero uniforme-
por vencida das,
de nuevo,
la batalla.
Rodean tus pensamientos
las entrañas de jardines,
muros y carmines
que besaste.

Roza ya el anonimato
aquella anécdota
por pocos conocida.