Lluvia

La tormenta deja sudorosos los cristales

de una fachada del centro;

gotas que evitan esquinas,

ladrillos veteados por partes.

Bordes manchados de un óxido,

irreparable y dócil.

Tras los vidrios,

cuerpos helados;

desnudez perenne.

Octavas plantas, redondas, ebrias,

cargadas de un fulgor que alguien terrestre

jamás podría comparar.

Calma que se mueve al ritmo irregular

de los latidos de una atmósfera indecisa.

Pisadas poco firmes sobre los charcos

hoy, más indecentes que nunca.

La melancolía;

ayuda para aquel

que busca volver a inspirarse

sin tener que inspirar la ayuda.

Calles empapadas,

pieles empapadas bajo techo;

lluvia que volvió a unirlos,

aislamiento ajeno de unas plumas.

Suavidad que resbala triste

al abrir una ventana

y borrar la ansiedad a un par de gestos

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