Observando la ciudad de madrugada mientras otros transitan -consciente o inconscientemente- por sus calles. Escrito a continuación de The night lies (on people’s palms). 

 

Madrugada ya; lugar de pesadillas,

de secretos olvidados.

Micrófonos que exhalan el aliento las bocas

que los muerden en escenarios.

Aire cosechado en la más triste de las viñas,

en la que lo permitido no deja de saltarse reglas,

aquella en la que los cantos sordos de extraviadas sirenas

respiran entrecortados como el sueño interrumpido;

allí, donde la inocencia se vuelve un cristal roto

y se juega con la carne más joven, sobre arena

donde lanchas marchitan bellas flores alimentadas

de aceite de motor, copas de lo menos sano.

Cerebro que recibe órdenes externas y carece de errores conocidos,

cometidos. Olvido,

y una plaza dormita

vacía en lo nocturno de la madrugada.

Tacones tropiezan entre las líneas del suelo

lleno de chicles y vasos cortantes

besados labio a labio.

Oscurece

toda claridad posible a la vista.

Buenos días

este domingo.

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