Naufragio

Tras el naufragio todo quedó en calma

y el silencio no fue más que una llamada.

Las bocas, espaciadas,

resecas ya y sin protestar,

olvidan el agua que las amó un día.

Cantos, de los niños que quedaron

y de aquellos que nadaron

hacia el horizonte.

Ojeadas a libros secados

al sol abrasante y venenoso;

escorpión que marchita las venas,

corazón inerte.

Grietas y tierra que seca,

y muere a orillas de un agua sin río

y sin oxígeno.

Cabellos negros al unísono,

cuerpos hirientes contados

sobre una fina calle que desespera.

Sed, que llenaste las barcas vacías,

pasión mientras muchos caían por los bordes.

Orillas, de nuevo, latentes, cambiantes y sombrías

que nada se llevan de la nada, y del todo

cambiante y ausente, movido remo a remo.

Bocas que exhalan el frío de una noche

y las mantas no llegan para asfixiar los pensamientos.

 

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